Cuando se reforma un baño, una cocina o una vivienda completa, la fontanería debe revisarse con atención. Las tuberías antiguas, la baja presión, los malos olores, las humedades o los desagües lentos pueden indicar que conviene renovar parte de la instalación.
Actualizar la fontanería durante la obra suele ser más eficiente que hacerlo después, cuando ya están colocados los revestimientos. También permite mover puntos de agua, mejorar desagües y adaptar la instalación a una nueva distribución.
Una buena planificación evita improvisaciones y ayuda a que los acabados duren más tiempo.
